Uno de los más hermosos y delicados materiales inventados por la humanidad, que llegó desde Oriente es la porcelana.
Las primeras huellas que se conocen hacen referencia a China, en los yacimientos de Kaoling, que es la materia prima que compone este material, hace más de 4000 años.
Su nombre es equivalente a cau-co, que se refiere a una concha marina blanca y muy solicitada. Durante años su formula fue un enigma, muchas ideas se cruzaron por la cabeza de quienes querían obtener la receta, especularon que tal vez estaba realizada con la concha nacarada del almeja. En el Renacimiento, se obtuvo una masa con un combinado fabricado con caolín y silicatos de cuarzo vidrioso, con un terminado que residía en una cobertura de esmalte con mixtura de estaño, lo que en la actualidad llamamos cerámica blanda, maciza, liviana y translúcida.
Inglaterra fue uno de los países que logró una de las mejores calidades de cerámica, hasta que apareció la porcelana dura por el año 1709.
Tiempo después un alquimista alemán obtuvo una fórmula, el resultado que obtuvo fue muy similar a la que se usaba en China. El auténtico secreto no era únicamente la tierra utilizada, sino el tipo de cocción, las piezas eran expuestas a una temperatura a más de 1300 grados durante doce horas.
El exquisito producto obtenido y la delicadeza al ser pintadas a manos las piezas, estimularon la sorpresa y el deseo de poseerlas de los reyes del mundo.
Incansables caravanas transportaban la frágil mercancía hasta los países Islámicos, incluso a Europa. En esa época se tomo por costumbre en la alta sociedad, tomar el té en estas finas piezas, esto daba prestigio a las familias.
En la actualidad la porcelana llega a la industria de muchas formas y medidas, con diferentes diseños y en su color original o decorado mecánicamente. Cabe destacar que cuando estas piezas están coloreadas a mano, su valor se acrecienta, exaltando así el trabajo terminado.
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